4º premio: «CON MIRAS AL DEVENIR»

por «Jiivanshrii» Silvia Valle (Uruguay)

Con el legado de luchas y frustraciones, intentando abrirse camino en la selva asfáltica de los tropezones, con las experiencias dolorosas de las explotaciones, cada uno de la familia Ojeda había desarrollado la piel gruesa de  la fortaleza ante los desengaños y las desilusiones.

El padre, Don Joaquín, había llegado a estas costas con las manos frías y vacías.  Luchó en puestos serviles, ahorrando cada céntimo hasta tener suficiente para abrir su propio negocio.  Como era un ser idealista decidió habilitar a sus empleados, quería favorecer las ambiciones de los demás. Si él había podido ellos también debían poder. ¡Que no se dijera que él les explotara!

Confió que al brindarles lo que nadie le había otorgado a él, tendría socios leales,  sería un oasis de armonía.  No pasó mucho tiempo antes que comprobara que la reacción de los que pensó favorecidos, era la opuesta.  Se vio despojado de cajones de mercadería de la que en caja no se daba cuenta.

Como consecuencia normal del péndulo de la vida don Joaquín trocó sus ideales en amargura, llegando a convertirse en un ser desconfiado de todo y de todos los que se le acercaban.

Sus hijos. que no terminaban de comprender la razón de tanta mortificación,  le recriminaban que si no le gustaba donde vivía se volviera por donde había venido.  Y él quedaba callado y ensimismado, terminando aislado y sombrío.

Tenía tres hijos: Paco el mayor, Luciano y Sonia, la alegría de la casa, siempre cantando y bailando.  Ella y la madre adoraban bailar.  Cuando la madre oía música, salía de la cocina, le alargaba la mano y las dos retozaban contentas.

Eso si,  llegaba el malhumorado, apagaba la radio y todo se convertía en un convento.  Sonia estaba harta de decirle a la madre que se divorciara.  Lo hacía desde que tenía apenas uno o dos años.  La madre quedaba espantada:  “¡Pero que niña esta!!  ¡Las cosas que se le ocurren!  ¡y yo que solo me quedo con él por ustedes!”

Ahí intervenían los varones:   “Ah no, por nosotros no, porque todos estaríamos felices si te divorciaras.  No nos importaría si viviéramos en una pieza de pensión, pero donde pudiéramos hacer lo que quisiéramos, recibir amigos, y no tener un contra que encuentra todo mal!!

Eran buenos muchachos, excelentes estudiantes, no había nada que reprocharles.  Paco terminó los estudios de químico y entró a trabajar en un laboratorio.  A los dos años la empresa decidió cerrar en el país y le ofreció transferirle a Estados Unidos.  Él se entusiasmó, prevaleció en la mente la idea generalizada de país chico de que todo es mejor en cualquier otro lugar.

Pronto a Paco también se le marchitaron las ilusiones.  En su nueva ubicación, no solo nadie había siquiera oído de su país, pero además no le creían que fuera suramericano.  “No puede ser, ¡sos blanco!.  Podrías ser francés, italiano, pero jamás suramericano”   “No soy tan blanco, en mi país la mayoría son más blancos que yo!!”

Sintió la imperiosa necesidad de dar a conocer su país.  Hasta se ofreció para dar charlas en las escuelas, le hablaba a todos dondequiera que fuese de como los españoles habían exterminado a todos los indios de su país porque los charrúas eran indios indomables, que tenían el don de hablar con los caballos, que los amaestraban de abajo, hablándoles como a los perros.  Que establecían tal relación de amor que cuando al final lo montaban, el animal los cuidaba como su más preciosa joya.  Esa era su moralidad, su sutileza.  Tampoco tenían la cara achatada estilo mongol, eran altos con nariz aguileña. Quizás los españoles habían desarrollado celos de su superioridad o simplemente no los comprendieron, les resultó más fácil catalogarlos de salvajes y por eso acabaron con ellos en una batalla traicionera.  La batalla de salsipuedes.

Oían sus relatos y sacudían la cabeza pensando que tenía una gran imaginación, porque ¡no podía estar hablando de ningún rinconcito de suramérica!  ¡una zona tan atrasada del tercer mundo, similar al África!

A ellos les habían inculcado que al sur del río Grande todo es pobreza e ignorancia e indios de cuello corto.  Eso lo indignaba aun más a Paco: “Eso si que no!!!  Mi país fue el primero en abolir la pena de muerte, ¡antes de 1900!  y abolir las corridas de toros, y el primero  en tener enseñanza laica y gratuita desde jardinera a la universidad.  Y el primero en dar el voto a la mujer, y el primero  en el cual la mujer se puede divorciar por su sola voluntad.  “¡¡Qué me vienen con atraso!!  Allá hay libertad de expresión, humanidad a los animales!! [aunque esto último es solo cierto hasta cierto punto, es muy discutible]  Allá no es común como acá que la gente debajo de la cama tenga colección de largas escopetas para la caza! ¡tal extendida falta de amor por los animales como acá!  Uno puede despotricar contra el gobierno y nadie le dice nada ni le mira mal.  Acá cuando solo comento algún detallecito me miran de reojo, y me dejan de hablar.  ¡Ustedes si que son nacionalistas!! ¡Ya raya en chauvinismo!!”

Y todos se iban retirando de a poco.  “¡ese loco sudamericano que se cree superior! Imaginate ¡sudamericano y con esas ínfulas!”, comentaban entre ellos, con asco.

Conoció una chica que sorprendentemente no lo consideró un bicho raro, que pareció admirarlo, y casi sin darse cuenta se enamoraron.  Tuvieron el consabido noviazgo y decidieron casarse. Él le advirtió que tarde o temprano querría volver a su país.  Le había contado tantas maravillas  que ella había desarrollado una expectativa rayana en utópica del país que él añoraba.  Cuando la dueña de la pensión donde vivía supo que se casaba con una chica estadounidense le dijo: “pero .  .  . ¿por qué con una ‘americana’?! deberías salir con una como tú, una china, japonesa, coreana…”

La celebración de la boda fue otro fiasco para Paco.  Todos hablaban de las virtudes de la novia, de la niñez, de cuánto curso había tomado, de sus amistades, solo faltó que dijeran cuantas veces iba al baño.  Entonces alguien tenía que referirse a él y lo que dijo lo dejó patitieso:  “Bueno, .  .  . ¡no todos los extranjeros son malos! .  .  .”

.

Dos veces les vinieron mellizos, primero varones, luego nenas.  En el paroxismal disfrute e insoslayable sacrificio de su crianza no vieron disparar los años.  Ella pensaba que él había perdido el deseo del retorno, que ya no recordaba la antigua advertencia que le había expresado.  Por las dudas, ni se lo mencionaba.

Ella tenía cierta curiosidad por la ciudad rodeada de blancas playas y el carnaval más largo del mundo.  Pero a la vez tenía algo de aprensión a la idea de mudarse al ‘tercer mundo’, de perder los privilegios a las comodidades que siempre había tomado por descontado, y que dudaba que abundaran en esas latitudes.

Intempestivamente recibieron la invitación al casamiento de Sonia.  Ella le escribía a veces al hermano, siempre quejándose de la severidad del padre, de sus pocas oportunidades de divertirse.  No había mencionado ningún romance.  Paco temió que se casara para escapar del yugo paterno y que no estuviera enamorada.
– “ Es muy extraño, Melanie, Sonia me hubiese contado, ella no es de guardarse nada”
– “¿Cuánto hace que no te escribe?”
– Menos de dos meses creo.
– ¿Te parece que esté embarazada?
– No, no pienso eso.
– Y si no ¿por qué tanto apuro?
– No me imagino.

Fue el empujón que Paco precisaba para decidirse a hacer una visita: asistir al casamiento de la hermanita.
– Tendrás que sacarte pasaporte – le dijo a Melanie
– ¿Te parece que vayamos todos?
– Claro, así conocés la familia

Preparativo va, preparativo viene, antes que lo supieran estaban allá.  Todo un grupo les esperaba en el aeropuerto, amigos, parientes, jóvenes, viejos, una gran montonera de gente que abrazó a Paco.  ¡y a ella la besaron!!  ¡Todos la besaron!, Paco no le había advertido de semejante bienvenida. Sintió que se le contraían los músculos, se sintió tan tensa, tan incómoda.   ¿Cómo se les podía ocurrir besar a alguien a quien nunca habían visto?  Era un beso en la mejilla, muy extraño.

Lo peor fue que toda esa muchedumbre se tuvo que despedir y ¡otra vez! volvieron a besarla.  Ah no, era demasiado.  Ya bastante mal que la besaran porque llegaba de un viaje largo, pero ahora se despedían con ‘un hasta luego’ y tenía que volver a pasar por el suplicio de tener los labios de todo el mundo estampándole su marca en la mejilla.   Le dieron ganas de correr a un baño y refregarse el rostro con jabón.

Paco ni se dio cuenta, hablaba desaforadamente con todos, estaba en su ambiente, no había duda.  Hablaban tan rápido que su español básico no le bastaba para comprender una sola palabra. Aprendió con presura lo que significa pisar una tierra extraña, donde los demás estaban en casa y ELLA era foránea.  Su mismo pensamiento la horrorizó, en su país ‘foránea’ era un insulto, un término despreciativo, y ahora ese adjetivo ella se lo adjudicaba a si misma.  Se preguntó si en el corazón de aquéllos que la rodeaban en aquella tierra extraña habría hacia ella, un poco de la hostilidad que era general en su país hacia el extranjero.

Todas estas ideas bombardeándole la mente le produjeron un tipo de obsesión, solo podía preguntarse que habría en la mente de cada uno de los que venían a su encuentro. La reacción a esta gran confusión fue un estado de profunda timidez.  Ella que siempre fue una persona amigable, sociable, se sintió apocada casi pusilánime.

Alguien, la condujo a un auto, ni supo quien.  En el trayecto oyó que le hacían preguntas, no pudo hilvanar las palabras.  Parecía que se le había olvidado todo el español.  Permaneció callada, abstraída.

Al bajar del auto recordó sus hijos.  ¿Que habría sido de ellos?  ¿Estarían tan perturbados como ella?  No tuvo que buscarlos mucho.  Los vio corriendo, jugando con otros niños, riendo, como si pertenecieran a aquel lugar extraño.  Habían llegado antes, no parecían cuestionarse nada.

–Soy Sonia, vení que te muestro tu dormitorio
La siguió en silencio.  Creerían que era muda.
–¿Estás cansada del viaje?  ¿querés descansar?
Asintió con la cabeza, así la dejarían sola y podría poner las ideas en orden.  Hubiese deseado en ese preciso instante volver al aeropuerto y tomarse un avión de vuelta.

El dormitorio era como cualquier dormitorio,  ni ella sabía lo que esperaba, pero quizás esperaba que todo tuviese otra forma, como si perteneciera a otro universo con camas ahuecadas y paredes en zig zag.

Fueron largas horas antes que Paco viniera, creería que ella dormía.  A él no le alcanzaría el tiempo para hablar con todos, estaría a sus anchas.  ¿no se le ocurriría que a ella le extrañaría todo, que solo a él le podía decir lo que sentía?

-¿Estás despierta?  ah, que bien,   No sabés lo cambiado que está todo.  No me habían dicho que hay una dictadura.  Ahora ya no se puede decir lo que uno piensa.  Hay que pedir permiso para reunirse. Hasta para festejar un cumpleaños tenés que dar la lista de los que van a venir por anticipado y ellos tienen que darte permiso.  Ni te podés parar en grupo a charlar en la calle.  Viene la policía a pedir documentos, si no los tenés contigo te arrestan.  Asusta.  Dicen que mucha gente desaparece, y no se sabe más de ellos.

-Quiero volver ya

-¿Estás loca?  si recién llegamos.
-Si tú no te querés ir, quedate, yo me voy.
-no has visto la ciudad!  ni las playas, no has probado la fainá ¿cómo podés decir que te querés ir?
– ¿no decís que para muestra basta un botón?  fue suficiente
– ¿y no te parece que estuve mucho tiempo fuera de mi país para que cuando consiga venir, me vaya como si nada? los pasajes son para treinta días.  le rompería el corazón a la vieja, que dicen que no anda bien.  ¡con lo contenta que está que hayamos venido!  ¡ella que sueña que nos quedemos a vivir acá!
-¡ni que yo estuviera chiflada! ¡lo único que me faltaba! ¡vivir en dictadura!
-¿pero sabés lo que me cuentan?  es tu país que apoya la dictadura
-así, ahora todavía eso.  Échenle la culpa a américa.
-américa no che, que acá también es américa. ustedes hasta se creen que son los únicos americanos.

-¿total averiguaste por qué tu hermana se casa así de repente?
-Se enamoró de un muchacho muy idealista, es tupamaro.  Se casan no sea cosa que caigan presos y no puedan casarse.  O que se vayan a vivir en la clandestinidad y a los viejos les dé un patatús si no están casados.
-¿que es eso de la clandestinidad?!
– escondidos para que la policía no sepan donde están
-o sea que son fugitivos de la ley.
-es una dictadura, ¡mujer!
– así que estoy entre revolucionarios.  ¡no me digas que vos los apoyás!  ¡y pretendés que vivamos entre esta gente!
– son mi familia, ¿no entendés!?
-creía que nosotros éramos tu familia
-¿por qué tenés que ser tan cuadrada?

Sonia intentó explicarle su posición en el correr de la semana- Melanie hizo un esfuerzo por consustanciarse con ella—sin mayor suerte.  Los chicos cada día parecían revivir, para ellos no había dictadura, ni idea de clandestinidad, no oían de torturas ni de desaparecidos.  Allí estaban los abuelos, los tíos, los primos, y amigos que se desvivían en agasajarlos, les hacían probar bocados inusitados, les paseaban en parques de frondosísimos árboles que podían trepar, todo era ideal.  Le dijeron a la madre que se querían quedar a vivir allí.  Melanie tuvo un espasmo, tenía que llevárselos antes que fuese tarde.  ¡por favor!

Volvió a hablar con Paco, no mencionó los niños, solo le dijo que no iba esperar que se cumpliese el mes.  Si él quería podía quedarse, pero ella y los niños se volvían ya.
-Andate tú si querés, yo y los niños nos quedamos.  Ellos están teniendo las mejores vacaciones de la vida, no les vas a cortar todo por un capricho.
-¡Te parece capricho!
-Sí, esa es la palabra . un antojo de nena chica
–  ni me preguntás por qué me quiero ir.
– puede ser por cualquier pavada.  no hiciste el menor esfuerzo de relacionarte , todos te trataron como a una reina y tu te cerraste como una ostra.  Mirá, si, andate, allá vas a estar mejor.  Yo me ocupo de cambiarte el pasaje, ¿que día querés irte?
-lo antes posible.

No veía la hora de volver a su país, a su casa, a sus amigos, pero cuando llegó sintió el enorme vacío del silencio.  Sin los niños la casa le pareció  un gran cuenco que repetía el eco de sus pensamientos martillándole groseramente las fibras más íntimas.  No llamó a nadie, nadie supo que había vuelto.  ¿Cómo explicarles que habían quedado allá, en el ‘tercer mundo’?  Había olor a encierro, y no atinaba a abrir ventanas.  Vendrían corriendo los amiguitos de los hijos a invitarlos a salir a jugar.  ¿qué iba a explicarles?  Tampoco quiso cocinar, ¿que sentido tenía cocinar solo para ella? casi extrañó las comidas que hacía allá la madre de Paco.  Eran extrañas pero gustosas.

Eso sí, tendría que avisar a su trabajo y empezar lo antes posible, si se quedaba allí, encerrada, se enloquecería.

Paco estaba angustiado.  Por un lado la situación de su familia en medio de una dictadura sangrienta.  Sus hermanos se habían convertido en revolucionarios.  Sus padres, envejecidos, no comprendían lo que estaba ocurriendo.  Le pedían que se quedara, debían pensar que él, con su sola presencia iba enderezar el entuerto.  ¡Si les dijera que comprendía a los hermanos!  ¡qué hasta le daban ganas de unirse en la lucha!

Por otro lado Melanie que se había ido, aunque si estuviese allí lo volvería loco tratando de hacerlo razonar como ella.  Los niños, ah, los niños, ellos eran lo único fresco.  Ellos que se habían adoptado a todo, que no sabían nada de los riesgos, que ni siquiera habían extrañado a la madre cautivados con los juegos, con la alegría,  con la familia que allá no tenían, la familia que los mimaba, que les brindaba tiempo y atención.

Le había caído muy bien el novio de Sonia, era muy compinche con Luciano.  Los dos estaban metidos hasta las orejas en eso de la resistencia.  Si él viviera allí también estaría, estaba seguro.  Pero se sentía dividido, por un lado todo lo que había dejado atrás: el trabajo, la hipoteca de la casa, el colegio de los chicos, las deudas.  No se puede dejar todo así como así.  Si lo hubiera planeado. pero en este momento tenía todo en veremos.  –Claro que por su país daría todo, la vida si fuera necesario. .  . pero no ahora, ¿cómo podía olvidarse de los compromisos que había contraído allá?  Ganas no le faltaban de mandar todo al demonio y sumergirse en esta lucha.  ¿Cómo iba aguantar ahora estar allá sabiendo los problemones que estaban atravesando en su patria?  ¿quien puede soportar saberlo y estar lejos?  preferiría pasar hambre, correr los riesgos que fuera pero estar al pie del cañón con todos los suyos.  Si no tuviera deudas mandaría los chicos para allá y él se quedaría.  Pero Melanie no podría hacer frente a todas las deudas.  Las asumieron planeando cumplir con las obligaciones con el sueldo de los dos.  No podía hacerle eso a Melanie, ni a los niños.  ¡Malditas deudas!  Eran una trampa que lo habían enjaulado; se sentía un ave infeliz.  Este era su lugar no había otro, luchar, morir, ese habría sido el destino escogido.  ¡por qué se habría casado allá! No tenía que haberse casado – fue un error.  Envidiaba a Luciano, tan libre, podía entregarse a la lucha por su país sin pensarlo dos veces.

El mes pasó en un soplo.  Fueron tristes las despedidas, los cinco viajaron taciturnos, ninguno quería volver.

Volvieron a la rutina, a los horarios, .  .  . a Melanie.  Pero ahora compartían los cinco el recuerdo vívido de aquella experiencia. Cada vez que Melanie no estaba, comentaban detalles, se acordaban de unos y de otros, pero si Melanie estaba presente era un tema prohibido, un secreto.  Ella se fastidiaba, sentía como se callaban cuando ella llegaba, lo consideraba una traición.  Los chicos se escribían con los primos, con los abuelos,  esa era su alegría.  Afortunadamente Melanie estaba demasiado atareada para entrar en sus pc.  El día que lo hiciera tendría el disgusto de su vida.

Y así pasaron los años, los chicos habían crecido, la relación entre Melanie y Paco nunca había vuelto a ser la de antes. era ahora un simple tolerarse, una creciente indiferencia, con caminos obviamente bifurcados.  Habían llegado al punto en que, ¡para qué pelearse!.  “Uno se pelea cuando todavía le importa”  Por inercia no lo habían oficializado.

Los chicos hablaban de querer volver.  Melanie sentía muy dentro que ya no le pertenecían, si alguna vez lo habían hecho, se sentía alienada de todos ellos.  Empezó a cultivar nuevas amistades, a programar distintas actividades, casi sintiendo que de un modo u otro los perdería.

Paco recibió noticias que se había acabado la dictadura.  Había llegado la hora de la acción, de transformar el país en un oasis de felicidad.  Luciano se había unido a un grupo con ideas super progresivas, creían en la auto suficiencia de cada región, en la descentralización de la producción para que nadie fuese explotado, que se acabasen las compañías dominadas por las multinacionales y que cada uno se sintiera parte intrínseca de un todo.

Solo el que lo deseara podía tener un negocio personal, siempre y cuando tuviera un alcance limitado.  Pero los servicios públicos debían pertenecer al estado para que no se hiciese negocio de las necesidades de los habitantes.

Justamente allí estaría puesto el énfasis: en los requisitos de vida de la población.  Después de asegurarse en satisfacer estos requisitos básicos, los remanentes podrían servir para el trueque con otras poblaciones.

Paco quedó fascinado.  ¡Qué diferencia con la situación actual en que solo se consideran las ganancias, en que el ser humano no tiene valor per se!  No vio el momento de ser parte de tal plan.  Le habló a varios amigos y varios quedaron cautivados con la idea.  Decidieron que querían irse con él a integrarse a tal empeño.

Habló con Melanie  y se sorprendió al verla casi comprensiva.  Ya había decidido que no pondría trabas a su partir.  Si los chicos preferían vivir en el tercer mundo, ellos ya eran grandes y mejor que hicieran lo que soñaban.  Ella tenía que encontrar solaz con gente más afín a ella. No había otra.  Decidieron un divorcio de común acuerdo.  Era lo mejor.

Antes de viajar todos tomaron unos cursos sobre las mejores posibilidades de organizar cooperativas con éxito.  Paco pensó que todos juntos formarían una gran cooperativa.  Todos pensaban lo mismo: que sería muy bueno, siendo tan amigos, fundar una cooperativa en conjunto.

La realidad fue otra.  Al llegar cada uno se unió a cooperativas de acuerdo a sus intereses.  Dos decidieron ir al campo y producir arándanos, luego envasarlos y exportarlos.  Otros decidieron abrir un restaurant que utilizaría lo producido en su propio establecimiento.  Otros abrieron un instituto de sanación en que se daría al enfermo la alimentación, el ambiente, los ejercicios, para sanar esa enfermedad. Producirían sus propios alimentos y plantas curativas, y allí en ese entorno puro los enfermos recobrarían el ansia de vivir. Estos tuvieron tal éxito que venía gente de los países aledaños para aprovechar este empeño.

Uno de sus amigos se dedicó a la lechería  y la esposa, junto a Sonia decidieron empezar una cooperativa para mujeres solas.  Tuvo tanto éxito que esta cooperativa se dividió en una docena de cooperativas, cada una con su propia especialización.  Finalmente fundaron una granja femenina con el propósito de alentar a las muchachas a independizarse.  Las gemelas de Paco, Ailí y Jenifer,  que eran expertas en aikido formaron un pequeño ejército para la guardia de la granja.  Ellas se dedicaban a recorrer el país entrenando chicas para la defensa, había que estar siempre alerta, nunca falta algún desequilibrado que rompa la monotonía. El aikido era lo que necesitaban, porque por más pequeña que sea la chica utiliza la energía del que la viene a atacar y lo inutiliza. La granja tenía su propia escuela neohumanista,  no solo para sus niños sino también para todos los alrededores.  Entre ellas había una médica y una nurse que comenzaron una clínica para la atención, igualmente no solo de sus integrantes, sino también para los vecinos de toda el área.   El lema de la granja era DE LAS NEOLIBERALISTAS A LAS NEOHUMANISTAS.  Le explicaban a los vecinos que los neoliberales eran individuales, egocéntricos, mientras que los neohumanistas eran colectivos y universales.  O sea que no se preocupaban solo de la gente de su familia, de sus amigos, sus vecinos, su país, sino también amaban al universo, incluido los animales, las plantas y todo lo inanimado.  Por siglos las religiones han dicho que Dios es Amor, pero ese amor lo limitan a los seres humanos, en su ciego egocentrismo creen que todo fue creado para ellos.  Esta escuelita neohumanista ampliaba la mente de los niños, y también reunía a los padres a comprender su visión.

Luciano tuvo la parte más difícil: luchar en el parlamento para que se aprobaran mejores leyes que protegieran las cooperativas de modo que sus planes pudiesen acelerarse.  Fue arduo, había al momento un resabio de políticos a favor del antiguo sistema neoliberal.  Insistían que solo se podía conseguir trabajo para los desocupados si venían inversiones del extranjero, que había que darles facilidades y no cobrarles impuestos a las multinacionales para que quisieran instalarse en el país.

Luciano trataba de convencerles que las multinacionales solo querían llevarse las ganancias fuera del país, que solo  venían por la materia prima y la mano de obra barata. Lo que menos les interesaba era levantar el nivel de vida de los ciudadanos. Propuso una ley por la cual solo si los extranjeros limitaban las ganancias a las que aspiraban, y no sacaban las ganancias del país podían afincarse.  Claro que a estos, en su mayoría,  no les interesó.

Fue una lucha intensa.  Los mismos obreros tenían tal lavado de cerebro que estaban convencidos que solo a través de las inversiones de los capitalistas podrían superarse.  Ellos creían que su lucha se limitaba a pelear por un trato algo mejorado.   Luciano se reunía cada noche en distintos pueblos para explicarles que jamás iban a conseguir una vida decorosa trabajando para las multinacionales, que no era necesario producir para exportar, sino producir para satisfacer los requisitos locales, porque allí donde se producía la materia prima había que procesarla.  ¿Cómo sino se iban a levantar las distintas regiones? ¿Por que tienen otros que explotar nuestras riquezas?  ¡A eso se le llama descentralización!!  Donde están las ovejas tendremos fábricas de hilado, y también talleres de costura, primero produciremos para nuestra gente local, luego para el resto del país, y si tenemos remanentes tendremos también nuestros propios agentes de exportación o de trueque.  Será completo.  No precisamos de intermediarios que ganen sin hacer nada.

¿Por qué ellos no hacen lo mismo en sus regiones, en sus países?  ¿Por que vienen a obtener ganancias si no desean establecerse en el país?  Si tanto les gusta este lugar que se querencien aquí, entonces no pondremos peros.  El que desea venir a vivir aquí, bien venido.  Pero no aceptamos que quieran aprovecharse de lo nuestro para enriquecerse y llevarse la ganancia a otros países.  No es así como funciona.  Nuestro principal objetivo es que en primer lugar todos tengan lo necesario: vivienda, alimentos, vestimenta, educación y atención médica

Una vez que lo logremos entonces, lenta y gradualmente, nuestro nivel de vida irá ascendiendo.   No puede ser de otra manera porque estaremos unidos en la lucha, dispuestos a luchar encarnizadamente para vencer cada obstáculo y seguir trabajando.  No más obreros, todos seremos dueños de la cooperativa.  Lucharemos para lo nuestro y no para que otros se llenen los bolsillos y nos den migajas.  Es absurdo seguir peleando en los sindicatos para que en vez de darnos tres migajas nos den cuatro.  Vamos a ser parte del todo, en toda justicia.

Esa es la principal diferencia.  Ellos, los neoliberales, tienen como su ideal lograr que otros laburen para ellos y entonces dedicarse al ocio y a la acumulación desmedida de caudales.  Es más que obvio que para que algunos vivan con ese estilo significa que a otros les falte lo elemental.  A eso nos oponemos.

No queremos continuar viviendo en los extremos: unos exageradamente ricos, otros en la más mísera pobreza.  Primero, todos tienen que poder esforzarse en tener lo necesario, luego el que hace un esfuerzo mayor puede tener hasta diez veces más, pero no miles de veces más como ocurre en la actualidad.  ¡¡Es injusto, es absurdo, es demencial ¡!

En realidad nos apena que haya seres humanos que sufran de la fiebre maligna de la acumulación.  A ellos también tendremos que asistir para que restauren su salud psíquica y aprendan a contentarse con cierta cantidad determinada.

Esa era otra lucha enorme de Luciano, el explicar a su público  que no debían odiar a aquéllos que los habían explotado porque en realidad eran también víctimas de si mismos y de las circunstancias.  Él buscaba fortalecer el carácter de todos para que no cedieran a las presiones, para que con serenidad supieran mantener sus convicciones.

Lo único que entristecía a Paco era haber venido tarde.  La madre ya se había ido.  El padre desde ese momento había enmudecido, en parte quizás era preferible, no hubiese  entendido estas horas de tanto cambio.  Cada vez que lo iba a ver no conseguía siquiera que lo mirase. Parecía contemplar un mundo aparte.

Los gemelos, Yeffry y Terry,  se incorporaron de lleno a distintos emprendimientos junto a los primos y amigos.  Todos se reunían cada fin de semana para compartir dificultades y soluciones.  A veces Paco parecía dudar de sus propias fuerzas, le parecía que estos proyectos eran demasiado buenos.  Pero cuando se reunían encontraba que sus hijos tenían un optimismo vibrante contagioso.  Pero él que más le  maravillaba era su hermano Luciano, este era infatigable-  si sus hijos tenían ese tremendo entusiasmo parecía ser por algo que Luciano les había pasado.

Paco le preguntó a Luciano que era lo que le daba energía para semejante lucha. ¿En que consistía su temple?  Le dijo que le envidiaba verle con una determinación de acero, jamás titubeando.  Le pidió que le enseñara el secreto, porque tenía que haber un secreto.

Luciano le respondió que si realmente quería saberlo, si estaba dispuesto a emularlo, él se lo revelaría.

Y si tú, lector/a, quisieras conocerlo también te lo manifestaré.  Puedes llamarme: (00598-2) 710 7177

 

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